Mr. Electro

marzo 20, 2011

Ansory Maifrens, los abandoné por mucho tiempo. Si no me reclama la futura señora de Briseño, seguramente no estaría escribiendo.. ¡y qué bueno! Ya basta de delegarle las crónicas marcianas a Dianita (mi media mitá), que esta historia es demasiado buena para no compartirla.

Fue mi cumpleaños, y como se debe, festejé toda la semana empezando por el sábado pasado. Y bien, ya sabes que tu cumpleaños es tu muy personal Año Nuevo y todo se te perdona… y yo, pos lo seguí demasiado al pie de la letra.  Y todo empezó cuando las voces de mi cabeza empezaron a cantar “tonight’s gonna be a good night” y lo mezclaron con un poco de Lady Gaga y mezcal.

Y bueno, ustedes no saben, pero hay un chico que me gusta. Y bueno, como era de esperarse, me gusta porque es un poco idiota… Me da entrada y luego se retracta, y dice que le da miedo, y que a la mera hora no…  y un día me besa y al rato se arrepiente. Y pues ahí yo estoy, deglutiéndome la tensión sexual cada que lo veo en la escuela y sintiendo como el hígado se retuerce cuando coquetea con la niña bonita o me entero de que hay otra güerilla rondándolo (si, porque al muchacho le gustan güeritas) con sus aires de macho alfa del High School Musical. Y bueno, así estamos desde octubre y ni pa’trás ni pa’ delante.

Llegó su cumpleaños, un mes antes del mío. Y fui a su festejo, tonta yo, sin expectativas pero “looking very hot” y con ganas de que hiciera otro de sus movidas de si-quiero-pero-mejor-no que, al final de cuentas, mucho me entretienen. Pero no, eso no pasó. Por el contrario, se acabó besando con una güera asquerosa ( jajaja y yo no estoy naaaada ardida eh) mientras mi corazón se rompía. Yo entonces decidí hacer lo propio… irme a poner hasta las manitas en algún otro lugar.

Y dado que me veía muy hot… acabamos en el Roofdeck del Hotel Empire, lugar bastante classy, tomando de a grapa y con la moral destrozada. Me dejaron dos minutos mis amigas para ir por un cigarro… corte A, yo agarrándome a besos a un completo desconocido. Fue lindo, me trato bien y no se aprovecho de mi. Yo no me acordaba de su cara, ni de su nombre, ni nada… solo que me pidió mi teléfono. Me habló al otro día, y me preguntó si me acordaba de el… yo fui honesta y le dije que no (pos total, dicen que a los hombres les gustan las cabronas honestas ¿no?). Me invitó a hacer “algo” y me contó que le gusta ir en el verano a los Hamptons. Yo dije… esto suena bien… eso y el ligero Preppy-New-York Accent que tenía.  Y bien, pasó el control de calidad: les pregunté a amigas si se acordaban de él y cómo estaba.. todas me dijeron que ok. Fiuuu… alivio.

Me llamó, yo accedí a salir con el. Me dijo que nos viéramos en South Street Seaport. Parecía una cita inspirada en un capítulo de Sex and the City.  South Street Seaport (SSS en adelante) tiene lugares lindos para cenar, además ves el río del Este y el puente de Brooklyn. Yo me puse muy nerviosa, hasta me fui con mi manita Diana de compras y a hacerme el threading con mis amigas las indias de la 14th st. “OMG… this sounds like a date”, pensé y casi busco en mi cajón el Tafil.

Llegué y me encontré con el. No estaba feo, pero tampoco… mmm tampoco tan bien como el alcohol me lo recordaba. SSS es también de los pocos lugares de Manhattan donde hay un mall… y bueno, por que no…. Me llevo  al último piso…. al bar del food court.

La conversación no fue tan mala. Me contó de su trágica infancia en el Lower East Side, su mamá puertoriqueña amante de las telenovelas y su papá un empresario siciliano-neoyorkino quesque muy pudiente. Me dijo que desde los 18 se salió de su casa, y se certificó como electricista… y que si, nunca había ido a la universidad. Ahora trabaja para Property Management de alguna inmobiliaria, vive en New Jersey y me dice que “viaja mucho….a la tristate area”.

Ok… esta bien, yo no quiero juzgar, pero ¿en serio? Ya sabía que nada bueno podía salir de atascarse con un tipo en un antro.  Ah… ¿y los Hamptons? Pues alguna vez su papá tuvo casa ahí, pero hace mucho que ya no. Solo que le gusta mucho (ajá). De Hamptons a Jersey Shore en cinco minutos.

Me ha vuelto a mandar mensajes… sí. Uno de ellos me decía que compró una botella de champaña conmigo en mente y que cuándo iba a su casa a ver una serie por Netflix (¡?).. luego para saber por qué no había sabido nada de mi desde que salimos… la última fue este viernes, que me llamó. No contesté… me da menos penita así que contarle todo lo que pienso.

En fin, esta historia sigue, porque todavía no llegamos al día de mi cumpleaños… pero no quiero saturarlos por el momento ;) CON-TI-NUA-RA…

 

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